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Buena entrada para el día de la cremà, día del padre y de Sant Josep. La fecha lleva años en el punto de mira. Antaño era la joya de la corona, el dÍa que todo colapsaba. Hoy dos tercios de aforo cubiertos son buena noticia según están las cosas y con un cartel con dos toreros muy de aficionados, como son Paco Ureña y Emilio de Justo. También es buena noticia para El Fandi, que sigue con punch sobre la taquilla. Su público quedó más contento que unas castañuelas: El Fandi triunfó y abrió una puerta grande barata. El pueblo estaba contento. Y los paladares más exigentes degustaron el toreo caro de verdad con la firma de Paco Ureña. Vaya tarde de toros más buena ha echado Ureña.
La corrida de Montalvo tuvo dos mitades. La primera fueron tres toros negros y con edad. Dos con los cinco buen cumplidos. Y la segunda trajo tres castaños con los cuatro años recién cumplidos. Arrastrado el último, una conclusión es que la edad pesa. Que lo de Montalvo se mueve mucho, pero no siempre bien. Y que la casta está al límite. Hubo un lote, que se lo llevó El Fandi. Medio lote para darse cuenta de que Paco Ureña está tremendo, redondo, exultante de temple. Y otro lote blando, desclasado y desrazado para estrellarse y aburrir si te pones porfión en exceso y sin sentido del espectáculo, como ha pasado con Emilio de Justo.
Eso, sentido del espectáculo, es precisamente lo que tiene David Fandila ‘El Fandi’. Sentido del show. Por eso todavía vienen a verlo así pasen 25 años de alternativa. Le faltarán otras muchas otras, claro. Pero con su primero no dejó pasar las virtudes cogidas con alfileres de un Montalvo, cinqueño pasado y bastote, que se llamaba ‘Patrón’ y que manseó en el caballo, al tiempo que se movió un tanto irregular, con velocidad y galope. Paco Ureña, que algo también le debió ver, le tragó tres gaoneras de embestida seca. El Fandi ha hecho un esfuerzo en banderillas y ha necesitado de cuatro pares para dejar las cosas en su sitio. Tras el inicio doblándose, que es un auténtico pulso con el toro, y una primera tanda, el toro sigue embistiendo fuerte. Hasta parece exigir más dimensión al muletazo. Como si ‘Patrón’ pidiera «más muleeeta». Llama la atención hasta cómo se quedaba colocado esperado un nuevo cite al ser despedido con el de pecho. Pero en la cuarta tanda sobre la diestra le duele ya en el alma el embestir. Es cuando El Fandi ajusta el muletazo abajo y templa la mejor tanda de toda su tarde. Ahí se ve al toro ya dolerse. Lo alivia al natural, que ya sale irregular. Pero el brío inicial ya tiende a rajarse. Y es entonces cuando El Fandi ha agarrado una estocada contraria para el primer trofeo.
El cuarto, ‘Tomatillo’, se ha llevado dos varas fuertes. El Fandi, entre líneas de su espectáculo, hay que decir que ha ordenado de salida el ímpetu del toro. El recibo ha sido fundamental, aguantando el tirón andando para atrás buscando los medios, con la embestida colocada y sin levantar la cara de los mismo vuelos. Era castaño estrecho de sienes y algo zancudo. Aún con los dos puyazos y la sangre cayendo a sos aguas por el lomo, la actitud es otra, el toro se mueve, pero hay voluntad de ir adelante, aunque aflora un punto de mansedumbre en el tranco de más, en la forma de abrirse. Tras el obligado tercio de banderillas, en la muleta el toro la toma con holgura, un punto suelto, abriédose, como planeando sin motor. Con El Fandi a placer. Una serie al principio muy vertical y periférica. Por el izquierdo tanta clase sorprende y hasta se le mete por dentro. La faena sigue siempre moviéndose. De acá para allá, para contentar a todos los tendidos o por trajinar al toro así o asá, sin obligar ni obligarse en ningún momento. Los tendidos contentos. La estocada casi entera y la oreja que abría la puerta grande. Entre el clamor se escucharon algunos pitos. Puerta grande.
Paco Ureña fue el toreo caro en el día de la cremà. Un torero en sazón a principios de temporada y en su casa, porque València es plaza de Ureña. Lo que transmitía cada vez que se hacía presente, citaba o embarcaba una embestida. Era el poso, la forma, la certeza, el temple, la calma de Paco Ureña, que sin trofeos ha dado una tarde de toreo caro, del que se siente dentro.
Su primero traía el pelo del invierno, del frío y duro invierno en Salamanca. Era un toro recortado, terciado. Otra vez feo estilo y mucho movimiento. Ni se ha ido tras las telas y ha protesta en el peto. En el quite por chicuelinas de Emilio de Justo se va templando. Así, el incio por alto de Paco Ureña no le sienta bien, pero en redondo se reúne con tres muletazos perfectos, ligados con principio y final. Pero al sentirse obligado el toro se ha sentido muy aflijido y ha ido a menos. Por la mano zurda todavía ha sacado Ureña unos naturales de frente de muy buen tono.
Lo caro llegaba con el quinto, anovillado y manso que poco quiere saber del caballo. Ni lo quiere ver. Es bruto, embiste a oleadas. Corta y espera en banderillas. Pero en esas sucede un estupendo inicio de Paco Ureña. De esos que también habría que compartir en Instagram o TikTok, muy torero, muy bien ordenado y muy templado, por abajo. El personal ni se ha enterado. La tarde estaba fría. Pero Paco Ureña está tremendo y así de claro lo ve. Se adivina que ha crecido y que posee un muletazo más entero, más perfecto. Y al natural, entonces, se ha roto Ureña tras embestida. Los vuelos, el compás abierto sin exageraciones, la entrega, la muñeca perfectamente engrasada para gobernar los vuelos, tirando del toro, muy cerca de los pitones, suave, un pulso exacto. Así de despacio. Ni una sola vez le ha rozado la muleta. Y la franela por debajo de la pala en el remate. Pura poesía. La plaza ha rugido con el bien y el olé. Ya con la espada en la mano, para pinchar y enviarlo al garete todo con el descabello, justo antes de eso, a Paco Ureña le ha salido del alma otra serie. Pura. Al natural. Entregado el torero, exultante, cargado de razones, como diciendo: esto es el toreo. Y lo ha hecho. El toreo caro.























