#FALLAS/ EL TOREO SE PONE CARO: LOS TIESOS ENCUMBRAN A MARCO PÉREZ

Dos tercios con apariencia de sólo media plaza. Las nayas estaban a tope, las de sombra y las de sol. Como el tendido de sol, bien repleto. La sombra era un desierto con algún que otro oasis: la afición a los toros, es eso: afición. Hoy estábamos todos en la primera y segunda naya. Como los tiesos del Titanic. Que son (somos) los que no van a los toros para figurar y que además se miden el bolsillo, pero no suelen fallar. Los que se alegran cuando huelen la casta brava, como derrochó la de Santi Domecq, y los toreros se lo dejan todo en la arena. Si ir a los toros es cultura, no puede convertirse en un artículo de lujo. El toreo es del pueblo y hoy el pueblo, los del sol, los tiesos, encumbraron un nuevo torero, y ya van dos estas Fallas. València, lanzadera de figuras: Marco Pérez, bienvenido. El toreo se pone caro.

Que el toreo se pone caro lo han contado dos tardes entre la Magdalena y las Fallas. En las dos tomaron parte Miguel Ángel Perera, que ha apretado el acelerador, en versión maestra, a gran diferencia de sus coetáneos, que a veces parece que se arrastran por los ruedos; y también, Marco Pérez, inteligencia, valor, conexión y una espada infalible en el joven al que tanto se esperaba. En Castellón se llevó el premio a la mejor estocada; en Valencia ha presentado candidatura. En las dos se estrenaba desmonterado y en las dos reventó la puerta grande con el argumento que fuera, que viene siendo los que usan las figuras del toreo.

Y esta vez completó el cartel en las Fallas, Víctor Hernández. Toreo puro, seco y verdadero. Su faena al segundo de la tarde fue un suceso: algo que no se ve todos los días. El toro, hondo y amplio, no acabó de embestir por abajo del todo. El toreo, con hondura, verticalidad y cintura rota. Al natural, el compás apenas abierto, semi de frente y el trazo largo. La ligazón sin rectificar: el giro sobre los talones, el valor sereno. La afición, la de los tiesos, lo vio y lo cantó todo: con y sin toro. La colocación, la profundidad de cada muletazo vaciado atrás, todo lo que puso el torero para romper la embestida adelante. Al de Santi Domecq le faltó esa pizca de transmisión y le sobró embestir tan a media altura. La estocada, arriba, algo tendida. Era de orejón. La petición fue mayoritaria. Un ignorante con placa estaba al mando del palco y no se enteró.

De la casta de los figurantes: cuando le tocó devolver al cuarto también quedó en evidencia. Si dimite, mejor.

Luego, Víctor Hernández, con el sardo complicado que hizo quinto, se jugó el tipo a carta cabal sólo por el gusto de demostrarse torero, otra vez, pero ahora con afán contestario ante el inútil figurante del palco presidencial.

Miguel Ángel Perera se hizo un quite en el primero, que oye, va a ser que sí: el toreo se pone caro con tardes como la de hoy. Se echó el capote a la espalda y toreó con ajuste y plantó cara con compromiso evidente a ese colorado claro y con dos puntas, pero que no acabó de romper. Y al sobrero, por momentos lo mandó muy por abajo y recogió estupendas embestidas en una afinada muleta, hasta que acabó echando la persiana el castaño Lunero.

El otro toro de la tarde fue Bravío, el tercero, y que cantó en los primeros tercios su entrega. En el segundo par apretó contra las tablas a Prestel, que se libró de milagro. Marco Pérez apostó en exceso: el inicio y dos tandas le costó cogerle el aire. Alturas y remate. Cuando lo consiguió la faena tomó hilo directo con los tendidos. Cabeza privilegiada, ligazón, muletazos muy redondeados, remates improvisados, molinetes o cambiados por la espalda. Cuando se sintió sometido el toro, que hasta entonces iba para premio de vuelta al ruedo, cantó los adentros. Y ahí Marco Pérez también arrasó, metido entre los pitones, circulares y luquecinas donde tantos se ganaron a Valencia para siempre, bajo los tendidos de sol. Cortó una oreja.

Y luego abrir la puerta grande fue el reto. El sexto fue un toro complicado de media arrancada, por ambos pitones. De consentir, tragar, andar listo, ganar la acción. Varias veces se le quedó en las zapatillos y otras le giró como un resorte. Pero Marco Pérez, otra vez al calor, del sol (por cierto, vaya día estupendo de fallas, vaya día bueno de toros), se pegó un arrimón de órdago, de torero macho, desplantes incluidos y, al final, lo que tocaba: tumbó el toro cabrón con una estocada de ley de la que ya salió rodado. Puerta grande.

València en estas Fallas ya ha lanzado dos toreros y les otorga galones para ser figuras: Samuel Navalón el otro día, y ahora Marco Pérez.

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