#FALLAS/ UN MANO A MANO POR DEBAJO DE LO ESPERADO: TOMÁS RUFO SE LO LLEVA, PERO EL PALCO SE LO DISCUTE Y NO REGALA NADA

Cuando caía el segundo de la tarde el mano a mano ya echaba de menos a un tercer espada que apretase las tuercas, y ahí se erigió Pilar Bojó desde el palco presidencial con una exigencia pocas veces vista en Valencia. Antes, otra pregunta motivada por el lleno aparente e inesperado se hacía obligada: me lo expliquen de forma convincente, ¿cómo echas al garete una fecha, la del 16 de marzo, con la novillada, teniendo a Ginés Marín, Ureña, Urdiales, Nek Romero, posibles dobletes de Roca Rey, Román o Navalón o yo qué sé, y dos días después metes, según el luminoso, a 9.499 personas con un mano a mano entre Borja Jiménez y Tomás Rufo? ¿O es que era sólo un acto de cortesía y operación de marketing al mismo tiempo?

A partir de ahí la tarde se desarrolló con estupendo buen aspecto en los tendidos. Aunque los chavales de la escuela taurina no digan lo mismo, que con eso de que los aposentadores y sus superiores se han puesto serios, aquí todos a su sitio o donde no molestes. Un día hay dádivas, otro día persigues al fiel que se abona donde su economía se lo permite y otro día tienes los tendidos de sombra vacíos porque no hay dios que pague 70 euros mínimo. Ellos sabrán.

Total, para el mano a mano entre Borja y Tomás se poblaron los tendidos y se lidió una corrida de toros muy pesadora, pero bien hecha y con fuelle para embestir bien, de Domingo Hernández, que a veces pareció que no se aprovechó del todo. El primero, con kilos y temple reducido se deslizó ya en el capote. Una calidad y profundidad que había que saber tratar. Toro sensible que no lleva bien las brusquedades, Borja mejoró según avanzaba la faena y deja lo más estimable en una única tanda al natural, por donde la tomó fenomenal el tal Azulado.

A este lo pinchó dos veces, y así toda la tarde de Borja Jiménez: en plan pinchauvas. El tercero fue Juerguista, cariavacado, estrecho, acaramelado de pitones y de larguísimo esqueleto. Galopó con brío de salida. En el último tercio los giros por la mano diestra al rematar los muletazos le dolían. Por el izquierdo, mucho más afianzado. Es por ahí donde el toreo de Borja Jiménez adquierió más profundidad al natural. Sobre todo cuando los busca de uno en uno. Ligados se tensionaba todo. Vuelta a pinchar.

El de Espartinas con el quinto tuvo un buen inicio cuando se ralentizó al torear en redondo y de rodillas. Pero a partir de ahí, con un toro más parado y con menos reprís, ya no hubo más brillo. Borja Jiménez resolvió con algún nuevo pinchazo y recogió el tercer silencio de la tarde.

Tomás Rufo se fue a recibir a su primero a porta gayola. Conforme se levantó y lo recogió en su capa ya se vio que Brazalete de Domingo Hernández tenía cosas de superclase. Hondo, badanudo y recogido de cuerna, planeó de capote por el izquierdo. Toro alegre con el que erró el planteamiento, terrenos y distancias de la faena. Empezó en el tercio del tendido 5 en sombra, sin confiarle mucha distancia. A la cuarta tanda se lo sacó a los medios, dio distancia y aprovechó inercias, pero las series se amontonaban según el ritmo del toro, que volvió a a cambiar los terrenos. Sin sujección, la faena se fue hasta el 11 en área de sol. Allí hubo cercanías, Rufo levantó a las masas y hasta se dejó casi que lamer las medias. La estocada fue caída, se pidió el trofeo pero entonces entró en cartel Pilar Bojó, presidenta del festejo, y negó la oreja. Vuelta al ruedo.

El cuarto fue un toro costoso. De colocación minuciosa, sensible a las cercanías, para hacerlo bien en los remates y dejársela muy bien puesta. Tomás Rufo se lo trabaja y le busca las vueltas. Cuaja un par de tandas estimables, con principio y final, y que son como un oasis sobre ambas manos. Las otras veces se quedaba fuera, tenía que recolocarse o el toro le sorprendía. Sonó ele aviso antes de entrar a matar. Dejó buena estocada. Y otra vez vuelta tras petición. La bronca a la presidente fue de órdago.

En el sexto, Tomás Rufo, tras la porta gayola, cuajó a la verónica el mejor toreo de capa de la tarde, con el toro abriéndose perfecto, ganando terreno, jugando los brazos con cadencias y echando la pata adelante. La lidia a partir de ahí fue un caos. Dardo era manso y no paró hasta que volvió a quedarse sólo con Rufo. Ahí, entonces, llegó la mejor serie, de gran verticalidad y compás semi cerrado, en la que recogió y soltó, con el pecho volcado sobre la embestida. Fue una faena más reunida y ordenada, sujetada toda ella en un mismo terreno, con muletazos con principio y final. También al natural, enganchados adelante y bien volados por abajo. Fue la faena y la actitud que marcó la diferencia. La estocada tal vez se fue un tanto desprendida. Ahora por fin cayó la oreja y Tomás Rufo dio, además, dos vueltas al ruedo, con toda la gente a favor y en contra de la presidenta que puso cara la puerta grande de València.  

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