EN LAS ANTÍPODAS DE SAN ISIDRO

Tampoco ha sido este año. San Isidro 2018 ha vuelto a reincidir en el estatus establecido. Por cómo están conformadas las relaciones en el toreo y por ser Madrid el mejor ejemplo por sus desmesuradas dimensiones, el férreo control de figuras y empresarios-apoderados por los puestos de privilegio ha vuelto a impedir que se amplíe la primera línea con nuevos convidados. Es más, hasta en la relación de premios el destinado a la revelación del ciclo lleva el nombre de Octavio Chacón tras aparecer en la corrida lo más alejada posible del supuesto paraíso. Por supuesto que sí, todo cabe, y la Tauromaquia, el toreo y la casta brava por suerte son tan amplios, diversos y profundas sus manifestaciones, mucho más de lo que cierta prensa respetable quiere hacernos creer, que San Isidro y el toreo siguen siendo también en sus antípodas.

Octavio Chacón se ha revelado en San Isidro en las mismas antípodas de San Isidro. Chacón con su corrida de Saltillo y a años luz, Alejandro Talavante, triunfador de la feria con las corridas de  Núñez del Cuvillo también hierro triunfador: 11 toros a 6 orejas (López Simón le arrancó una al sobrero de Conde de Mayalde). El título de triunfador, por cierto, también lo podría encajar un Sebastián Castella que resurgió y rompió pronósticos con jandillas y garcigrandes.

Esto es Madrid: así está el toreo. Por suerte Octavio Chacón ya ha metido la cabeza en Pamplona. Lo hizo a 24 horas de presentarse los carteles, lo repetirán el día de San Juan en Las Ventas y firmará un puñado de contratos más, pero allá: en las antípodas.

Es de una normalidad esquizofrénica la situación. Porque nunca fue tan abismal esa distancia. Como el reconocimiento definitivo. Las corridas manejables y orejeras de Cuvillo –que es mucho el mérito en alcanzar ese toro para Madrid– se llevan el premio. Mientras, el toro premiado lleva la V de Adolfo Martín por ‘Chaparrito’, que se ha impuesto a ‘Hechizo’ de Fuente Ymbro, ‘Ombú’ de Juan Pedro Domecq, ‘Cuba II’ de Puerto de San Lorenzo o ‘Licenciado’ de Alcurrucén. Por no citar a ‘Pesonero’ de Victorino Martín o ‘Chupetero’ de José Escolar, que junto al premiado ‘Chaparrito’ de Adolfo Martín, completan el espectacular tridente con sello Albaserrada al frente de tres corridas completas por emoción, intensidad, casta, bravura y embestidas de esas que no resultan tan orejeras, pero que vienen a dar importancia al toreo que se les imparte. Pero claro, volvió a pasar, desde las antípodas de tres corridas a desentrañar con minucioso tacto –las de Escolar, Adolfo o Victorino– cierta prensa respetada tiró por la calle del medio y las contaron como cosa menor. No sea que en las antípodas estelares alguien se molestase. Total, ciertas antípodas en el resto de temporada se quedan en anécdota.

Para acercar posturas, lo más cerca que estuvo San Isidro de sí mismo fue cuando El Juli se cruzó con ‘Licenciado’ y ‘Chaparrito’ con Pepe Moral. Fueron el cenit a esa labor velada de sensaciones que se traduce en un fenómeno empático del aficionado con el todo: desde la animalidad y profundidad del toro a la capacidad de valor y expresión del torero, a la conjunción que es el toreo y esa breve eternidad imposible y ligada tras de sí que va del embroque al remate y pasa por la barriga, de cadera a cadera, con singular y sorprendente emotividad. Ahí El Juli –premio a la mejor faena– y Pepe Moral frente al señalado mejor toro de la feria concretaron términos y alcanzaron a acercar el consenso lo máximo posible.

Con este cuadro de honor se resumen 30 y pico tardes consecutivas de toros en Las Ventas.

Triunfador de la Feria: Alejandro Talavante

Mejor faena: El Juli 

Mejor novillero: Francisco de Manuel

Mejor rejoneador: Diego Ventura

Torero revelación: Octavio Chacón

Mejor estocada: Luis Bolívar

Mejor picador: Agustín Navarro

Mejor brega: Ángel Otero

Mejor banderillero: Fernando Sánchez

Mejor toro: “Chaparrito” de Adolfo Martín

Mejor ganadería: Núñez del Cuvillo

Y ahora es cuando empieza la temporada de verdad. La canícula y sus ferias provincianas. La sequía de novilladas y unos carteles que para junio siguen hablando como si San Isidro no hubiera sucedido ni aportado nada van a ser la tónica preocupante. Pero así llevamos década y media. No hay excesiva razón para el optimismo tras un mundial del toreo que ha vuelto a reincidir en el estatus establecido. Preocupa la temporada. Ampliar el análisis nos llevaría otro buen rato más, pasando por el vacío y hasta llegar a las antípodas

 

 

 

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