BORJA JIMÉNEZ, UNA PUERTA GRANDE DE SENSACIONES, EN MEDIO DE UNA CORRIDA MONOTEMÁTICA DE VICTORINO EN CASTELLÓN

FOTOS: LITUGO

Una corrida monotemática. Lo que se antojaba un mano a mano entre Paco Ramos y Borja Jiménez de alto voltaje, presentó demasiados plomos fundidos. La energía eólica, además, predominó y fue un incordio para trajinar una de Victorino Martín con pocas gracias. Sólo Borja Jiménez dio con el interruptor, abrió caminos distintos y rompió el tocho a base de inteligencia, disposición y una frescura que llega como nueva tras estar macerándose en los nueve años de alternativa y ostracismo que está a punto de cumplir el torero de Espartinas. Abrió la puerta grande de Castellón. A eso precisamente es a lo que venía: A dejar sensaciones.

El monotema fue una corrida de Victorino sin dientes de sierra. Unas veces por el viento, otras por la propia psicosis que trae el hierro, otras porque las lidias se redujeron a un tercio de la plaza y, por contra, a excesivos capotazos sin orden ni concierto. No faltó la condena del peto: de las dos varas de aquella manera sólo se libró el sexto. Luego apenas ningún toro se vio más allá de la segunda raya a partir de la segunda tanda de muletazos y todos se administraron en la corta distancia. Como si nada se pudiese improvisar.

Todo sonaba monotemático. Como esos apuntes infumables donde no hay atisbo a la imaginación y la cosa se atraganta en farragoso tedio. Por eso tuvo más mérito lo de Borja Jiménez, que tiene ante sí una temporada como pocas revelaciones toreras se han encontrado en la última década. Castellón y la Feria de la Magdalena han sido su punto de partida para lo que está por venir. Rigurosa toma de contacto y mejor resultado.

Su primer Victorino, una raspa que apuntaba una clase estupenda, se desfondó inexplicablemente tras cuatro lances y fue devuelto. El sobrero fue un lisardón de Valdefresno. Así, aleonado, de capa negra, las puntas hacia arriba, recogidas y la badana prominente. Con ese ritmo y galope tan propio de su estirpe. Medido en solo una vara. Borja Jiménez se aferró con él enseguida. Encajado y muy firme, en los adentros metió enseguida la embestida en la vereda de la muleta. Aire, cabeza y recursos de figura. Tras lo fundamental, la resolución efectista y más vistosa para llegar los tendidos. Y Jiménez ahí llega nuevo, con la técnica pulida y perfeccionada tras casi esa década de espera. La estocada dejó al toro literalmente sentado. Una oreja.

La espada le funciona a Borja Jiménez. Todavía hay mucho margen de mejora, pero su lote de tres lo cazó de primeras. Y eso también da mucha confianza. Con sus victorinos, cuarto y sexto, Borja Jiménez anduvo pegado a tablas, pero firme, con confianza y sitio ante la cara del toro. En soso el cuarto, que brindó a El Soro. El sexto salió con más pujanza y embestida humillada. Otro tipo, pelo negro, toro cuajado, con remate y músculo. Por fin se salieron del guión al permitir una sola vara, y el Victorino dijo aquí estoy yo en la primera tanda. Otro nervio. Siempre en los adentros, pegado a tablas y muy en corto. Menos limpieza, algo de emoción. Borja Jiménez recuperó las riendas mediada la faena, piso terrenos y firmó muletazos sueltos con principio y final, con mando. El pinchazo hondo sirvió y cortó la oreja que le abría la puerta grande. Sensaciones de madurez, firmeza y frescura, como la que demostró en cada quite, uno por delantales al tercero a destacar bueno de verdad, o en los remates que le daban aire y prestancia de lo que puede llegar a ser Borja Jiménez está temporada según pinta.

A Paco Ramos le faltó la energía necesaria para llegar a más. Por los tendidos decían que el torero venía con la rodilla infiltrada. Su primero sacó excesivas querencias. Apretó hacia adentro y más cuanto más capotazos le daban y más la contraria le llevaban. El viento y el carácter del animal incomodaron toda la lidia. En cambio, tercero y cuarto resultaron más manejables. Hasta nobles.

Noble y desrazado el tercer Victorino. Con buen embroque, salía con la cara alta. Dejaba estar. Admitía la muleta retrasada. Faena sin brillos. Voluntad para ir ganando confianza, repetir lo fundamental y hasta pasarse de faena. Paco Ramos se eternizo con el descabello. El quinto se manejó también por amabas manos. Lo mejor lo logró a con la diestra en una serie de velocidad reducida, pero que se perdió luego entre excesivos pinchazos.

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