TRES NOMBRES Y UNA BUENA NOVILLADA DE LA PALMOSILLA PARA EL INICIO DE UNA FERIA DE JULIO QUE MIRA AL FUTURO

La Feria de Julio ha echado a rodar con un primer paseíllo con dirección al futuro. La excelente iniciativa de hace un año con el certamen de escuelas taurinas ha tenido continuidad. Es de agradecer. Por la ilusión y las ganas de todos los novilleros. Sobre todo por la rica diversidad que ofrece al público. Apenas hubo momentos de aburrimiento en la primera de las tres citas y se vieron cosas buenas de verdad. Para empezar seis de seis. Pleno en los erales de La Palmosilla de buen fondo, enrazados, embestidores y alguno también exigente. Y luego tres nombres que pusieron en letras grandes el toreo: Valentín Hoyos de Salamanca, Jordi Pérez de València o Jorge Martínez de Almería.

Abrió la tarde Lucas Miñana, de la escuela de Beziers. Puso voluntad desde el inicio. Se fue a porta gayola y luego también sopló alguna larga de más en el tercio. Se mostró tenso y envarado, le faltó pulso y sobre todo concreción. Faena deslavazada y de muy largo de metraje. Con la espada no lo vio claro ni acertó en los terrenos.

Mucha carga eléctrica tuvo la faena de Kevin Alcolado, de Alicante. Con todas sus carencias, no se le puede negar la disposición. Paliza considerable la que se llevó. Tres o cuatro volteretas y la capacidad de ir a más. De asentarse. De llegar a dibujar una buena tanda con la zurda, correr la mano y recibir un tute del que no se amilanó. Buen espadazo y una oreja.

Valentín Hoyos llegaba de Salamanca y ya en el quite al segundo puso en aviso al personal. Por las formas, por cómo manejaba los chismes, el jugar de los brazos o la forma de dejarse caer sobre los riñones. Todo eso se confirmó luego con creces en su turno. Muy asentado y cargando la suerte, la variedad en los remates o los inicios. Ese farol para comenzar la faena tan de Robles. Pero sobre todo la profundidad en lo fundamental. Al natural por ejemplo, muy por abajo y con la cintura quebrada, llevando la embestida hasta el final, y con tandas de ocho o nueve. Gustó de verdad. Sólo falló la espada, que entró a la tercera. Pero aún así cortó una merecida oreja.

El cuarto novillo de La Palmosilla se afligió demasiado tras una volantín en el saludo caportero de Jordi Pérez, representante de la ET de València. Muy a la defensiva, la labor de Jordi primero consintió en confiar y afianzar la embestida del novillo. Muy protestona al principio, la encauzó para luego gustarse de verdad y pulsearlo al natural con gran asentamiento y sentido del temple. Hubo auténticos carteles de toros con la zurda para luego pegarse un arrimón por circulares. Bien a espadas, el descabello se atascó, pero al final cortó una oreja.

El quinto de La Palmosilla fue otro de los buenos novillos de la tarde. Encastado y exigente, obligó a Jorge Martínez, de Almería, a poder y someter por abajo. No fue fácil encontrar el acople. El temple era fundamental. Una embestida buena venía seguida por otra que punteaba y se quería comer la muleta. Así llegaron las volteretas y también el toreo enganchado por delante y sometido por los vuelos. Ahí fue cuando el de Almería sorprendió. Efectiva la estocada y una oreja de mérito.

Francisco Fernández, de Algeciras, cerró la tarde con otro buen novillo, para variar, de La Palmosilla. Muchas embestidas y muchos muletazos, demasiados. Y así, claro, la faena se le fue evaporado y aún no sabe ni cómo.

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