UNA GRAN CORRIDA DE FUENTE YMBRO ALUMBRA LA TORERÍA DE FINITO Y DOS FAENONES SIN ESPADA DE ROMÁN

Pues no, el toreo de hoy en día no puede verse privado de disfrutar a un torero de la talla de Finito de Córdoba, que entró en el cartel de hoy sustituyendo al lesionado Emilio de Justo, porque su mera presencia ya es un canto a la torería que se sabe pura, tocada por la varita y la improvisación. Y tampoco Román está en condiciones de mandar al garete dos faenones tan serios, auténticos y distintos en unas Fallas sin una espada capaz de abrochar lo que hubiera sido un triunfo rotundo. No, no puede ser.

Lo que sí fue es un corridón de toros de Fuente Ymbro. De variadas hechuras. Unos más finos y otros más hondos, pero un corrida de toros de serio comportamiento y profundas embestidas. Se rajó solo el primero. Por bruto y atacado, solo el tercero fue imposible. Los cuatro restantes dieron sentido a la emoción del toreo en diversos grados, matices y exigencias. Era el cierre de Fallas, y sin alcanzar el triunfo rotundo, la tarde de la nit cremà fue la más completa de todo el ciclo y alumbró dos faenones sin espada de Román y la eterna torería de Finito de Córdoba.

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Alimento para el alma, auténtico elixir, fue la torería derramada por El Fino, don Juan Serrano. La forma de brotar, de abandonarse, de mandar y templar, de someter y acariciar, de sentir el toreo en definitiva. Porque sentir el toreo es algo que está mucho más allá de simplemente hacerlo y, ya ni te digo, de la rutina de pegar pases.

Primero fueron dos medias para dejarlo en suerte para que ‘Vivero’ fuese por segunda vez al caballo. Era el primero de la tarde. Nombre ilustre en casa de Ricardo Gallardo. Negro listón. Un toro alto y ofensivo. Esas dos medias por el izquierdo tuvieron continuidad en la muleta. De inicio, casi que sin pensarlo, se la echó a la zurda tras pasar por abajo su áspera embestida. Fue una gozada ver el toreo puesto en la palma de la mano, traerlo y romperlo atrás. Fue una gozada por momentos. Ese manojo al natural o cuando toreó con pausa y cadencia por el derecho, justo de cadera a cadera. El inicio de la tarde no pudo ser más sabroso. Pero hubo más.

‘Soplón’, otra línea a seguir, era un toraco de 574 kilos. El capote del Fino descubría ya de salida que el toro tiene un temple y profundidad casi que innatos. En el inicio de la faena de muleta brotan dos pinceladas, una por cada pitón, que son dos carteles, ligados y sentidos que sacan el olé más ronco de toda la feria. La diestra por abajo y el cambio que se lo trae de nuevo. Y en la primera serie en redondo, el toreo embraguetado y dos cates por abajo de una hondura tremenda que abren en el toro una grieta en su casta. Son los poderes del toreo. Tiene clase y mucha carrocería que mover ‘Soplón’. La torería de Finito se desparramaba por momentos con asombrosa naturalidad. Los ayudados aprovechando las inercias y querencias son de una inteligencia privilegiada. En la misma palma el toreo, y en los vuelos la noble bravura del fuenteymbro. Sin ninguna brusquedad. Un ayudado por alto es de aquella manera, un cartel, y un natural mecido es la caricia. El trofeo premiaba una forma de entender y explicar el toreo. València celebraba y se entregaba a la lección de torería, siempre necesaria, de don Juan Serrano.

A Román se le fue la tarde con la espada. De la gloria al sumidero de la desesperanza. En una temporada que comienza de cero se permitió el lujo de palmar dos faenones. Con dos espadazos, ¿qué era? ¿tarde de cuatro orejas o de tres sin pasarnos de generosos?

‘Damasco’, el segundo de la tarde, con los cuatro años recién cumplidos y el trapío justo, fue bravo. De fijeza y empuje en el peto, fue muy medido por Justo Jaén. Iván García se desmonteró en banderillas y el toro quedó con toda su pujanza y muchos pies para el tercio final. Ahí empezó la descarga eléctrica de Román: De rodillas en los medios, se dejó venir en crudo al toro para sacarle una arrucina, un cambiado y ya prácticamente dejarse atropellar sin consecuencias. Qué locura.

A tope de revoluciones, templó y apuntaló por abajo la embestida de ‘Damasco’. La lució en la larga distancia y fue capaz traérsela atrás. El cuarto muletazo ligado ya tenía mérito: el bravo siempre te quiere comer el terreno. Por la izquierda, la muleta siempre por delante, el toreo al natural ralentizó más y mejor la propia vibración de la embestida, siempre tomada muy en largo, siempre embarcada perfecta. Román al natural, como siempre. Tan fresco e impactante como profundo. Faena de emoción intensa y un toro bravo como pocos, tanto como para lucharle el título de toro de las Fallas al mismísimo ‘Horroroso’. Para Román, sin espada, no hubo paraíso. La vuelta al ruedo póstuma reconoció a un gran toro, ‘Damasco’ 35, de marzo de 2015 y 500 kilos.

Curioso lote el de Román. De un casi novillo a un cinqueño bien cumplido de nombre ‘Lavandero’. La edad le aportó seriedad. Al excelente trato de Román, el toro sacó virtudes y capacidad para ir a más. Pese a ser alto de cruz, era un toro fino en su remate. Otra vez los piqueros a las órdenes del torero de Benimaclet picaron con estupenda mesura: Santiago Morales ‘Chocolate’ se agarró arriba por dos veces.

El toro no aportaba demasiadas emociones para cuando Román una vez más se fue a brindar al público. Estaba todo por hacer. Muy paciente, Román empezó a empujar las embestidas. El sitio, el temple, la firmeza y el buen trato fueron sacando a relucir el buen fondo del cinqueño. Al parecer sólo creía él en las posibilidades de una faena que no dejó de ir a más y que logró fundirse en la ligazón del toreo en redondo y meter al público en la obra. Mérito grande el de Román: su capacidad de cuajar dos toros bravos, encastados y tan distintos. Mucha emoción con ‘Damasco’, pero el espíritu de un torero seguramente crece más con ‘Lavandero’. Hasta diría que Román se inspiró en Finito en algún pasaje de la faena. Es lo que tienen los toreros de toreros. Pero el fallo a espadas volvió a ensombrecer lo que era una completa tarde de toros de Román.

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A Ginés Marín le correspondió el único toro imposible y desagradable del encierro de Fuente Ymbro. El tercero fue el toro más basto. Amplio, hondo y largo. Mirón y atrancado de atrás, por cómo era casi que no quiso embestir. Ahora, con el sexto a Ginés Marín le cambió el rostro seguro. ‘Jarrero’ fue lo que se dice un tacazo por bajo y armónico. Tuvo clase, aunque le faltaba un poco de profundidad al rematar los muletazos. De muletazos tuvo unos cuantos. Demasiada cantidad y demasiado periféricos en una faena de pocos olés. Solo las bernardinas del epílogo se corearon. La estocada entera quedó atravesada y el descabello dejó sin premio al extremeño.

La tarde, más allá del resultado que arroja la ficha, es de esas que se miden por las sensaciones, el toreo y la bravura.  Y si de eso se trata, el colofón a la Feria de Fallas ha sido lo mejor de todo.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de València, 19 de marzo de 2019. Decimosegunda y última de la Feria de Fallas.  Toros de Fuente Ymbro desiguales de presentación, bravos y encastados salvo el 4  o el rajado primero. El segundo, ‘Damasco’, premiado con la vuelta al ruedo. Finito de Córdoba (ovación tras dos avisos y oreja), Román (ovación tras dos avisos y ovación tras dos avisos), Ginés Marín (silencio y ovación tras dos avisos). Se desmonteró Iván García tras parear al segundo de la tarde. Mas de media entrada (unas 6.000 personas)

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