MANZANARES Y ROCA REY EN CASTELLÓN: UN FESTÍN, UNA ILUSIÓN

Fotos Carlos Litugo

En Castellón, por San Juan y San Pedro, no había nada. Y sigue sin haber. Pero la Casa Matilla ha echado adelante un ciclo con seis días de toros donde lo ha bordado. El colofón, aunque todavía queda por celebrarse una sin picadores y la de Miura, ha sido el mano a mano entre Manzanares y Roca Rey que media hora antes del festejo agotaba el papel.

No me llames iluso porque tenga una ilusión, que cantaba La Cabra Mecánica. De eso se trataba. De crear la ilusión. Tal vez por eso vendieron el ciclo como una feria de cine: y en su día grande, la ilusión de los astros y del triunfo con más que una corrida, una colección de dijes. Manzanares y Roca Rey se dieron un festín, aunque al final sonrió más y mejor el alicantino.

De tres hierros, Garcigrande, Algarra y Jandilla, hubo dos superclases. El primero, de Garcigrande, y el quinto, de Jandilla. Ambos en el lote de Manzanares, que se entretuvo en desorejarlos.

‘Apreciado’ abrió plaza y se durmió en las telas de Manzanares. Una embestida para paladear el toreo. De ritmo eterno. Embistió igual de principio a fin. Bravo y enclasado, capaz de seguirla y empujarla hasta el remate por abajo. El temple de Manzanares lo gozó desde las verónicas inciales. Ajustadísimo interpretó el natural, con la misma palma, encajado de riñones, sin estridencias. Y el redondo fue ligado y enroscado. Los cambios de mano, los remates, la prestancia y todo en los mismos medios, donde también sucedió la estocada en la suerte de recibir –un monumento– que cayó incluso un punto contraria. Fueron dos orejas, y si le hubiesen dado la vuelta al ruedo al Garcigrande no habría pasado nada.

Sí se la dieron a ‘Soberano’ de Jandilla. La misma profundidad y un poco más de empuje, de codícia, de raza. Manzanares, se obligó a bajarle las manos en el Incio para someter y sumó algunos pasajes de valor, como cuando se lo dejó llegar con pies. Pero a la obra la empujó sobre todo la Concha Flamenca y antes la tercera diana floreada de El Soro. La ilusión desbordada. En la feria de cine la Concha Flamenca se lleva el premio a la mejor banda sonora original. Lo menos tres vueltas al pasodoble y al final una estocada tremenda a volapie con el sello Manzanares en toda la yema. Dos orejas y la vuelta al ruedo del toro.

El Algarra del lote de Manzanares tuvo aristas en la embestida. Lo recibió con tres largas y un manojo de chicuelinas. Luego exigió llevarlo tapado, no equivocarse. Las aristas se tradujeron en enganchones varios, que por comparación con tanta perfección y clase anterior, no dejaban de llamar la atención.

Roca Rey desorejó al primero de su lote. ‘Retozón’ de Algarra. Lo recibió a la verónica, casi por delantales, recogiendo los codos y yéndose a los medios. El toro, castaño, fino, con cuello, lució buen ritmo en su tranquear. Qué despacio el quite por chicuelinas. Al capitular, lo mejor en la tarde del peruano. La primera chicuelina se enganchó como a un palmo de las espinillas y le cambió la embestida impávido. Y las siguientes, muy pausadas, sin violencia alguna. Y la media de remate, muy para adentro.

Comenzó por estatuarios, rompió con un circular por dentro que acaba en cambio de mano. Y volvió explosionar la faena en su mismo arranque. En redondo lo ligó, poderoso y mandón; al natural no se acopló. Y en general faltaba sentimiento sobraba tensión. Y en los remates, menos trallazos hacia afuera y más suavidad hacia adentro se echó en falta.

Las bernardinas llegaron al rescate. Qué locura. La moneda al aire, ese bamboleo de muleta para citar, esconder y cambiar la embestida en apenas metro y medio. La plaza se puso en pie. La estocada fue fulminante y las dos orejas aseguraban a Roca Rey el triunfo.

La tarde a partir de ahí se le volvió exigente. Su segundo fue un Garcigrande de brillante pelo negro y de un perfil estupendo. Lustroso era el tal ‘Ilustre’. Se entregaba dos metros antes de alcanzar los capotes. Casta y galope en banderillas. El inicio de faena no pudo ser de cara a la galeria porque había que someter. Rodilla en tierra, por abajo. La faena, irregular y ajustada. Un tuya, mía sin grandes conclusiones y una estocada para justificar una oreja protestada.

El sexto le borró la sonrisa a Roca Rey. ‘Iralimpio’ de Vegahermosa fue exigente. Pasó el inicio con los cambiados y las series apretadas que le siguieron, pero sin estallar ni, lo importante, mandar del todo. Hasta que llegó un desarme y la embestida acabó por imponerse definitivamente. El toreo se veía desbordado, los muletazos eran trallazos y enganchones. Y con la espada al final acabó buscando los bajos. ¿Qué será?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s