ERA MUCHO MÁS QUE UNA CLASE PRÁCTICA: NEK ROMERO REVIENTA (TAMBIÉN) VALÈNCIA

Foto Carlos Litugo

Clase práctica que era mucho más. Era la tarde en la que la plaza de toros de València abría de nuevo sus puertas, en una fecha intempestiva y una metereología que invitaba a todo menos a sentarse dos horas y pico sobre la piedra. ¿La afición? No sé. ¿Ovacionar el paseíllo, sacar a saludar a los actuantes? Por ejemplo, no sé. Que hacía casi dos años que el escenario no se abría. Que era mucho más que una clase práctica. La ovación, en cambio, se la llevó la guapa alguacilillo montada en un precioso caballo alazán. Pero era mucho más que una clase práctica, ese invento que desnuda la realidad del mundo taurino. En las plazas de primera deberían estar prohibidas. Pero era mucho más. Sino, que se lo pregunten a Nek Romero, que desarrolló su estrategia, arriesgó y ganó. Vaya abrazo que se dio, por cierto, con la alguacilillo al recoger las dos orejas.

Tras Bocairent, Alicante o Albacete, la puerta grande de València no se le ha resistido tampoco. Cedió su turno de quites a Joan Marín, alumno de la escuela de València que se había quedado fuera de los puestos que merecía por un exceso de intercambios. La intención de Nek, buscar el cuerpo a cuerpo en su toro con Manuel Caballero, el gallo de pelea del cartel. Caballero, seguro y macizo, se explayó en su quite. Y Nek salío a repicar.

Una tremenda voltereta al ajustar la primera chicuelina le hizo girar 360 grados sobre el pitón del Fuente Ymbro a Nek Romero. Pero se repuso rápido. En banderillas desplegó inteligencia sobre el terreno y facultades físicas con pasmosa suficiencia. Y con la muleta construyó faena paciente. Se ajustó al temple, a las fuerzas, al viaje. Y a partir de la segunda tanda ya se reunió, sobre ambas manos y, cada vez más, se fue metiendo entre los pitones. Sin dar un paso atrás. Un circular por la espalda lo remató con un soberbio cambio de mano. La faena estaba hecha. Pero Nek todavía no estaba saciado. La estocada firmó el triunfo y al final fue el único que abrió la puerta grande.

La novillada de Fuente Ymbro fue guapa y con muy buena condición. Tal vez el más manso y huidizo al final fue el quinto, el que correspondió a Caballero, que quiso mucho sin terminar de estar a gusto con una embestida sin finales, desentendida. Merecida la oreja.

Que era mucho más que una clase práctica lo empezó a contar Julio Alguiar, el bravo peruano encargado de romper el hielo. Su novillo no puso excesiva transmisión y a Alguiar de la ET de Málaga le tocó hacerlo todo. Y por esas decidió tirarse a matar sin muleta al segundo intento. El golpe lo dejó dramáticamente inmóvil y así tuvieron que llevarlo a la enfermería. Por suerte al rato salió y pudo abandonar la plaza por su propio pie.

Joaquín Caro, de la Escuela Taurina Yiyo de Madrid, con un novillo de puro almíbar, mucha clase y no excesiva fuerza, demostró toreo profundo, de mucho encaje, temple y mano baja. Gustó, pero la espada no remató. El extremeño Sergio Domínguez (ET de Badajoz) se llevó un tremendo golpe al intentar un cambiado de rodillas en los medios. Resultado, el brazo en cabestrillo al finalizar el festejo y algún hueso roto del tremendo porrazo. Era más que una clase práctica. Lo mejor que dejó fue el inicio por abajo, torerísimo, mandón y castigador, rodilla en tierra. Y cerró el festejo Alejandro Chicharro de la Escuela Taurina de Colmenar Viejo, que estuvo resuelto pero una pizca acelerado.

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