TRIUNFOS DE MANZANARES, JANDILLA Y DEL HORARIO DE VERANO

Al fin el sol en los toros. Castellón en una nueva dimensión. Además el horario de verano, tan mediterráneo. Un triunfo, y también de Manzanares.

¡La corrida se acabó de día! ¿Qué podría ser mejor? El suceso del día anterior en todos los corrillos y su huella imborrable sobre la arena, por fin soleada, debió verla también el cartel.

Morante, Manzanares, Juan Ortega, los tres vestidos de artistas con mejor o peor gusto, y también el astro sol pusieron color al tendido. Casi como ayer de público, tres cuartos. Lo que hace la luz en los toros. Y más si, precisamente los toros, guardan fondo bravo. Hasta el negro Jandilla brilla especial. Seis dijes. Redondos como pelotas. Bien comidos. Finos de cabos y hechurados. Sólo varió de capa el sexto, castaño y un pelín más basto, más zancudo, más pechudo, en comparación con el resto del lote. Fondo y casta. Un puñado de embestidas por abajo en cada toro. Carácter también. Como ‘Zacarías’, que abrió la tarde con un disparo de salida. Tornillazo arriba que no dejó a Morante echar el capote como se espera de él. Trujillo le cogió mejor el aire en su forma. Tras el peto el toro bajó y entonces llegó el quite de Morante. Dos verónicas detenidas en el tiempo y temple, y la media con garbo a la otra punta de donde arrancó.

El toro y la faena se dejaron caer hacia el sol. Los medios le pesaron tras el inicio por ayudados. Buen fondo y calidad. De rayas a dentro, donde el sol, la clase aparecía cuando venía en los flecos. Morante capaz, queriendo agradar, dejándose ver. Estocada rinconera para una ovación tras petición.

Azul purísima y oro vestía Morante, como el cielo sin nubes que todavía duraba al cuarto, con el sol sobre la arena. Correcalles la lidia. Los choques con los acorazados de picar estuvieron a punto de costar un disgusto en la integridad del toro, que por un momento pareció quedar grogui, pero no. Morante brindó a ese artista alegórico y mediterráneo que es Juan Ripollés, la mirada que ha presidido esta Magdalena. Todo un detalle de José Antonio, que de la barrera de sombra en el callejón de Ripo, se fue al sol opuesto para prender la faena. Por alto, muy asentado y escultural, para ir abriéndose, dar un cambio de mano y cuajar por abajo una trincherilla tremenda: El olé que sumó más gargantas. Lo más torero de la tarde. Faena muy pegada a tablas, de mucho querer, de poder, de arabescos y hasta de manoletinas al cierre. Morante a fondo por una oreja de otra estocada al rincón.

El segundo derribó de genio y huída. Su embestida de tremenda clase se soltó tras la pica. De salida se agarró mucho, pero la puya obró el milagro. Pedazo de invento la vara de picar para abrir los melones de la casta. Manzanares se encontró con una oreja sin acabar de encontrarse a sí mismo ni sentirse salvo en momentos puntuales. Casi que puso más el toro por un pitón derecho de gran profundidad y vuelo sin motor. No se adueñó el alicantino de ‘Ibis’, y por el izquierdo la velocidad fue la que puso el toro, sin reducirse en la muleta. La estocada, eso sí, en el sitio, fue de premio.

Y dos fueron de ‘Zorrastrón’, Jandilla pero con el hierro de Vegahermosa, de mucha profundidad. Esta vez sí hubo acople total. Medida, mesura, ritmo. El mérito fue la paciencia. El toro era una moneda al aire. El menos apretado de carnes, más largo, el de aires más elásticos, más fino de vientre y cuello estirado. Daniel Duarte puso a hervir aquello, y saludó en banderillas. El Soro lanzó el órdago con la diana floreada con el toro todavía (la moneda) en el aire. Se iba lejos la embestida y Manzanares recogió hilo en el imán de la muleta. Engarzado todo, en un reducido espacio, se sucedió la faena. Eso también es el toreo y la casta, reducir la faena y la entrega a un espacio concreto. Y que ahí se suceda la emoción. La Concha Flamenca volvió a acompañar. De todas las veces que se ha gozado el pasodoble en esta Magdalena, esta fue la mejor interpretación de la banda. Incluso Manzanares daba espacio a los solos y atacaba después con la muleta muy por abajo. Un espectáculo con luz. Con música. Con toreo, muy enganchado por delante, redondeado, largo, reunido, encajada la cintura. Se pensó la suerte de recibir, pero ejecutó un volapie rotundo. Dos orejas.

Juan Ortega dejó cuatro detalles contados y más dudas. Su primero, ‘Vaporoso’, ya llevaba la cara pringada de arena de embestir nada más catar los capotes. Ahí hubo un delantal más la media. Pero luego sobró especulación y excesivos tiempos muertos que el Jandilla utilizó para tomar poderes en el asunto. Se puso escarbador en todos los terrenos, como orientado, y aquello se resolvió mal a espadas. Y en el sexto hubo tres verónicas por la mano izquierda con el capote agarrado muy en corto. Toro bastote ese castaño. Lo mejor que restaba fue la buena estocada al segundo intento para recoger otro silencio.

Y así ha finalizado la Magdalena, por encima de la mini feria de Fallas, pese a la lluvia, y con una tarde que marca y cambia el rumbo de la temporada en su mismo inicio, con la mirada del negocio puesta, además, en la carrera por Las Ventas. Al final hasta ha salido el sol. Seguimos.

FICHA DEL FESTEJO.
Plaza de toros de Castellón, 27 de marzo de 2022. Octava de la Feria de la Magdalena. Toros de Jandilla y uno el quinto con hierro de Vega hermosa, guapos, buen presentados, nobles y con raza. Morante de la Puebla, ovación tras petición y una oreja. José María Manzanares, una oreja y dos orejas . Juan Ortega, silencio tras aviso y silencio. Tres cuartos de aforo.

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