UN LUJO DE NOVILLADA DE DANIEL RAMOS Y ESTUPENDAS SENSACIONES DE NEK ROMERO, EMILIO RICARD, AARÓN PALACIO Y CRISTIANO TORRES

La novillada con erales de Daniel Ramos fue un auténtico lujo. Ese fue el primer suceso de regreso de la actividad taurina a la Plaza de Toros de València. Los festejos por la Virgen de los Desamparados, ahora también Ciclo Manuel Granero, por el centenario de su muerte, casi que ocupan más que la mini feria de Fallas. La eralada de Daniel Ramos fue de aquella manera. Un tanto desigual, unos más paletones, otros más chicos, otros mejor hechos, casi que con pinta de toritos, pero las mil y una embestidas, oportunidad sin igual para un puñado de becerristas que sueñan y siguen soñando con querer ser hasta lo exótico: como ese par de banderillas de un salto, como si se superase el potro, y que encendió definitivamente la tarde.

De entre los actuantes, Nek Romero y Cristiano Torres cortaron dos orejas cada uno, Aarón Palacio sumó una. Los tres gustaron entre las muchas embestidas. Emilio Ricard también, pero se atascó con los aceros. Hubo embestidas para todos. Largas, con mayor o menor fijeza. Las del primero muy fijas, sin desparramar. Acelerado estuvo Manuel Osuna. Sin tanta clase, pero a granel embistió el segundo y Borja Escudero le recetaría 200 muletazos. Fueron novillos paletones, con cierta entidad.

El tercero bajó bastante. Demasiado cómodo, demasiado recogido, demasiado poca cosa para Nek Romero, que se había llevado un seria voltereta en el quite al paletón segundo. Le costó algo cogerle el aire, engancharlo y soltarlo conforme, despacio y sin tirones, como le gusta al de Algemesí. Luego abusó en la corta distancia en una faena de largo metraje, arrucinas incluidas y con estocada empujada hasta hundirla. Dos orejas. Lo mejor, su toreo al natural.

El cuarto de Daniel Ramos fue el mejor de la tarde. El mejor presentado, el de mejores hechuras, el más armónico. Emilio Ricard, del Citar que dirige Encabo, le cuajó muletazos de muy buen corte, pata adelante y toreo ceñido a la cintura. Sobre todo a derechas. Pero con la espada se alargó aquello y se olvidó el premio al torero y, sobre todo, al toro.

Aarón Palacio pasó un serio examen. Si todo el encierro embistió y además dejó estar, el novillo de Aarón Palacio apretó, repitió, midió y arreó mucho, más que ninguno. Se le podía de uno en uno. Dejando espacio. Pero cuando repetía el novillo, lo arrasaba todo. Muy difícil de domeñar tanta casta, tanta bravura. Porque era bravura y así se entregó, sujetando su muerte, tragándosela. La oreja que recibió Aarón Palacio tuvo su peso. Porque el toro exigió como ningún otro y no le pesó en ningún momento la situación.

Y en el sexto Cristiano Torres, de Salamanca, sorprendió con un eral que rompió a embestir como un auténtico tejón. Con el hocico hundido en la arena y muchos pies y mucha intensidad. Inicio de rodillas con sorprendentes pases cambiados y tandas tomadas en la larga distancia. El toreo en redondo tuvo mucha profundidad y la embestida fue honda de verdad. Cierto, al final predominaron las querencias y una pizca de mansedumbre, pero el toreo y las embestidas emocionaron. La estocada bastó y cayó el premio de las dos orejas y de la vuelta al ruedo al novillo de Daniel Ramos, que venía a premiar todo el conjunto y encastada variedad de la novillada.

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