La novillada que cerraba la Feria de Julio se adelantó una hora y finalmente se dio. Ni 1.000 personas en los tendidos. Un sinsentido. Un festejo de futuro e ilusión como debe que ser una novillada, el choque con la final del mundial entre España y Argentina lo dejó convertido en un espectáculo triste y decadente. Mientras en la calle resonaban cláxones, cánticos y bubucelas, los promotores decidieron seguir contraprogramando y, por si faltaba algo, la novillada de Talavante resultó descastada y sosa para mayor aburrimiento.
El madrileño Álvaro Serrano se presentaba en València con la vitola de triunfador de San Isidro. Su primero era un torito para muchas plazas de segunda, aunque algo acapachado de cuerna. Talavante esta vez sí que aprobó el examen en julio después de que en las pasadas Fallas no salvase ni el primer reconocimiento. La primaveras y los benditos piensos: se nota que el propietario está anunciado en todas las ferias en su otra faceta, la de matador.
Álvaro Serrano dejó quite por tapatías en respuesta a Julio Norte, que antes se había echado el capote a la espalda. Serrano se antojó un matador de toros de los de ahora. Faena elegante y airosa, fácil, con buenos detalles, pero sin acabar de cuajar al buen novillo, aunque le sobró tanda y pico. Buena estocada y petición de oreja no atendida. Seguramente hoy, con tan poco público las mayorías eran más fáciles de contar y el presidente llevaba razón. Vuelta al ruedo para Álvaro Serrano.
Con el jabonero cuarto Álvaro Serrano estuvo tesonero. No venía sobrado de fuerzas en las patas delanteras y la tendencia del novillo fue de no entregarse y defenderse por arriba.
Cuando parecía que se iba a por la espada una repetina lesión en los dedos de la mano le obligó a Serrano a pasar por la enfermería. A la vuelta, un capotazo de un banderillero por el pitón izquierdo dio pie a una tandita final por naturales sin protestas. Qué cosas. Serrano, lesionado de la mano diestra, lo mató y descabelló como pudo y entre palmas y pasó a la enfermería.
A Julio Norte no le faltó actitud de novillero pese a estar a menos de un mes de la alternativa, el próximo agosto en Dax. Salió a dos volteretas en su primero. Un novillo más liviano. Pero con dos puntitas aparentes. Había que traerlo toreado porque tuvo tendencia a venirse por dentro, sobre todo por el izquierdo. En el caballo mostró alegría en una segunda arrancada, pero conforme le bajaron la mano, perdió fuelle
La faena de muleta tuvo un inicio de rodillas, con el toreo en redondo ya ligado. Y lo mejor lo hizo al natural, en los medios, dejando la muleta en la cara y tirando de un novillo, ya sin inercias. Al intentar un de pecho llegó una volterera y al entrar a matar la otra en la que Julio Norte giró sobre el pitón y acabó montado del revés sobre el morrillo del animal. El palco no hizo ni caso a la petición y el premio quedó en una vuelta al ruedo. Se pasó de frenada e intentó darse otra vuelta, pero el personal del tendido le dio el alto.
El quinto fue de una sosez desesperante. Norte se alargó en un trasteo insulso y fue el público quien pidió que aquello acabase. Ya quedaba menos de una hora para la final.
La primera faena de Marco Polope, más tierno, tuvo momentos ilusionantes como el inicio por alto, rematado por abajo con gusto. Había brindado a Copete, Juan Carlos Vera, Víctor Manuel Blázquez y Toni Gázquez. La faena tuvo verticalidad, ligazón y sobre todo fluidez gracias a la distancia del cite que siempre respetó y toreo por abajo, profundo. Los vuelos de la muleta mandaron sobre las embestida de Cuentista y Polope toreó con asiento, encaje y siempre enganchando los muletazos muy adelante. Fue la faena más redonda de la tarde, pero la estocada, baja, llegó a la tercera.
Los clarines para el sexto sonaron a las 20:10. Los claxones, los cánticos y las bubucelas no habían dejado de sonar en los exteriores de la plaza en toda la tarde. El jabonero claro se expresó con pies pero sin demasiada clase en la capa de Marco Polope.
A las 20.20 Marco Polope brindaba al público y siete minutos después atronaba al novillo de Talavante, que había sido vulgar, sin clase ni entrega. La tarde, y con ella la maltratada Feria de Julio, echaba el telón y echaba al público. Empezaba la finalísima del Mundial, acababa un espectáculo que no interesa ni al que lo organiza.
Al descanso Argentina tampoco dejaba jugar a futbol en exceso.
