RUBÉN PINAR POR LA PUERTA GRANDE Y BUENA CORRIDA DE VICTORINO EN EL 160 ANIVERSARIO DE LA UTIELANA

La Utielana celebraba sus 160 años con el atractivo de una corrida de Victorino y dos tercios de entrada tras un esfuerzo en la promoción. En poco más de un mes la de Utiel ha sido la tercera corrida de Victorino Martín que hemos visto desde la dura piedra. La segunda en siete días. Y las experiencias acumuladas dicen que ésta ha sido la de más vida y expresión, la de más interés y profundidad, y sobre todo la más completa, también la más agradecida. Si al final solo Rubén Pinar se marchó por la puerta grande fue porque en verdad es el que más oficio atesora de la terna y porque con la espada aseguró sus faenas de forma certera. Jesús Duque también hizo méritos sobrados para acompañar al de Tobarra en el triunfo tras cuajar con la muleta la tarde más sólida y completa de su carrera, pero con el acero estuvo hecho un pinchauvas y no encontró el paraíso. Porque en Utiel el buen toreo, o el más eficiente y efectivo, también encuentra su premio en el paraíso, y ese sólo lo gozó Rubén Pinar en tarde para la historia local. Porque no todos los días se reúnen cerca de 5.000 personas en Utiel.

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La corrida enviada por Victorino Martín era propia para una plaza de tercera. Terciada, estrechita, baja y escurrida, incluso alguno con su morrillito. Pero desentonó el abecerrado segundo, que de forma evidente levantó las protestas del público que había apostado por echar la tarde en los toros y fue la mancha negra a la corrida. Carita de becerro, pitorrito, el cuello de un imberbe. Fue el ‘pero’ necesario para poner a caer de un burro una corrida interesante que reportó bastante más de lo esperado según venía la temporada de los grises. El balance al final resultó más que positivo. Se vio casta y bravura, embestidas por abajo, alguno incluso haciendo el avión y otros pidiendo papeles.

Rubén Pinar, con la vista puesta en su cita en San Isidro para volver a decir aquí estoy, trajo los deberes hechos e hizo una exhibición de temple. Una vez más. Y dio igual que fuera su primera tarde de la temporada. A su primero, de nombre ‘Estudioso’ -como el que indultó Ureña en Cieza en 2014-, le cogió el aire pronto, ya de salida. El toro, marcado con el 37, mostró vida. Y eso ya era noticia. Con la muleta Pinar lo tapó perfecto. Entendió sus alturas y nunca le permitió parar. A eso le llaman oficio. Una buena estocada necesitó de descabello y cortó una oreja.

Otra oreja le cortó al cuarto, ‘Descosido’ 111, que fue la alimaña de la tarde. Tras dejarse en los primeros tercios y llevarse un soberbio par de banderillas a cargo de José Antonio Carretero, se orientó rápido. Bien por la casta despierta, tal vez porque las fuerzas obligaban a defender el espacio y recortar. Una vez radiografió a Pinar ya no le perdió de vista y captó que algo se dejaba atrás. Ante los viajes cada vez más breves y tobilleros, la medicina otra vez fue el temple del albaceteño para robar muletazos sin que la franela, a dos dedos del hocico, se viera tropezada. Mucho mérito. Y de remate un espadazo para asegurar la puerta grande en Utiel, su primer paseíllo en 2018.

victorino salta callejon utiel 160 aniversario

El momento de mayor tensión de la tarde fue la salida del tercero. ‘Ordenante’ 74 salió como un tren y brincó al callejón y alcanzó con el morro la primera fila (Foto: Álvaro Martín). La limpieza de un callejón superpoblado fue morrocotuda. Jesús Duque mantuvo la emoción en los lances de salida y en el último tercio toreó a cámara lenta. A izquierdas, dejando la bamba de la muleta muy adelante. Su primer encuentro con los Victorinos le permitió paladear ese temple especial tan albaserrada y torear despacio y esperar mucho la embestida, muy en corto, y tirar con suavidad. Desde el primer momento Duque se vio muy metido en la tarde. Solo le sobró una última serie que fue con la que se pasó de rosca y marcó el rumbo de una espada negada. Dio una vuelta al ruedo.

Más argumento tuvo la faena de Jesús Duque al sexto. Un tal ‘Ordenante’ 88 estrechito de sien y de recogida y acarmelada de cuerna. Pese a la lidia muy regulera y un puyazo criminal en la paletilla, la clase del Victorino lució y permitió a Duque construir una faena sólida y cargada de argumento. Bien ligada y sentida, con expresión y gusto. Duración y profundidad en el toro. Faena de triunfo merecido en Utiel o donde fuera. Pero los pinchazos se sucedieron inmisericordes. No hubo paraíso al final.

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Alberto Gómez se metió en la tarde con el público cabreado. Esa raspa de Victorino marcada con el número 97 fue una puñalada a las expectativas del personal. Impresentable. Era un becerrote se mirase por donde se mirase. Sacó movilidad como principal virtud. A Alberto Gómez le costó acomplarse. Se multiplicaba la raspa. Tesón en Alberto Gómez para al final conseguir que se le resbalase en varios muletazos. Cayeron dos pinchazos, estocada y descabello tras aviso antes de recoger una ovación.

El quinto se llamó ‘Esculpido’ 41 y fue el de mejor son y clase de toda la corrida. Se picó prácticamente en los medios y empujó de verdad. En el último tercio sacó lo mejor por ambos pitones, pronto y yéndose hasta el final. Alberto Gómez por momentos se sintió y corrió la mano, pero la faena fluyó intermitente y luego la espada la manejó de forma deficiente. El premio quedó en generosa ovación.

(Fotos: Álvaro Martín)

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