IMPACTO DE DIEGO SAN ROMÁN EN VALÈNCIA CON UNA BUENA NOVILLADA QUE EXIGÍA EL SITIO DE LAS FIGURAS

Foto: Carlos Gómez-Litugo

La víspera se cerró el certamen de escuelas taurinas de València con destacadas actuaciones de Miguel Polope y Arturo Gilio y más de 10.000 personas en tres días de toros y futuro. Buena antesala para la necesitada Feria de Julio que arrancaba hoy. Qué poca publicidad o bombo se le ha dado, por cierto. En toda la línea de metro que va de Xàtiva a l’Horta Nord no se ha podido ver un mísero anuncio. Pero el caso es que el toreo ya gira también con la Gran Fira de València, aunque a Ribó no le encaje tanta poesía, o qué sino es el toreo. La clásica feria de Sant Jaume echó a rodar con una novillada de Zacarías Moreno de cinco ejemplares que pidieron, en general, el sitio propio de las figuras. Es cosa común hoy en día que con el toro de las figuras solo trasciendan las propias figuras y luego medio escalafón pegue el petardo. Pues imagina si eso le toca al escalafón de novilleros. Pues que trascender con determinadas embestidas cuesta un potosí y una técnica de esa que ni se ve ni se nota, pero que está ahí de forma velada. En esas venía la novillada hasta que el debutante Diego San Román impactó de aquella manera y puso la Feria de Julio y su marco donde solo las plazas de primeras categoría ponen al toreo. Ese lo esculpió un mexicano que hasta hace cinco minutos era un desconocido. Lo era hasta que se pasó por la bragueta un puñado de embestidas y del bien al olé ha enronquecido las gargantas. Una figura desgarrada, vertical y un trazo de muletazo que parece hecho a pincel, muy con los vuelos y muy por abajo. En ajuste y firmeza inverosímil. Un quite por gaoneras y una media personal, por codillera y recogida más arriba de la cadera, a su primero. Una media que se volvió a ver en el sexto. La tanda en redondo y de rodillas que endilgó sin anestesia al inicio de su primera faena. La forma de quedarse quieto y tragar. Cómo corre la mano para torear despacio con toda la intención. Sentimiento y expresión como signo de distinción. Lo apuntó con el asardinado tercero, y lo corroboró con el lavado y avacado sexto. El incio con la muleta en la zurda por cambiados y de pechos, para a la tercera pasada ponerse a torear. Muleta por delante, los flecos sobre la arena y toda la expresión en la cintura, la suerte cargada y el misterio de la ligazón.  El temple, y ante las tarascadas ni un pestañeo. Donde quema le gusta ponerse o ese me dijo el otro día en la radio, y ahí se puso. No baja en redondo e hizo subir en calidad la faena. Al natural puso a más de uno en pie. Muslos y taleguilla no dejaban lugar a dudas: ese tío se había arrimado como un condenado. Quiso asegurar las estocadas con la mejor igualada posible. Le sobraron dos y un pinchazo, respectivamente, antes de agarrar dos sopapos considerables. La oreja al sexto coronó el impacto de Diego San Román con sabor a puerta grande en València. Del hierro titular de Zacarías Moreno se lidiaron cinco. El quinto se echó atrás por descordinado y lo sustituyó la vulgaridad de Los Chospes que se dejó dar mil muletazos con los que Toñete no acabó de concretar. Le sirvió más el buen segundo, este sí de Zacarías, para construir embestidas en la distancia corta, enganchadas desde el hocico y aguantar parones. Pero el mensaje no escaló al tendido. También destacó el bravo ‘Brasileño’ que hacía cuarto y que deparó un buen tercio de varas. Novillo con hechuras de toro que descompensaba por arriba la desigual presentación de la corrida. Novillo de gran clase y profundidad, que en la muleta de Jesús Chover duró lo que duró. Hizo falta mejor acuerdo, otras alturas, otros terrenos y otras distancias. También otra chispa en el último tercio. Eso, o el sitio de una figura consagrada. A Jesús Chover, con todas sus buenas intenciones, las faenas se le diluyeron demasiado pronto. A su desclasado primero, incluso, con cantidad de toques fijadores, le costó verlo metido en la muleta. Esta vez Chover no encontró el camino del triunfo que sí conoció en Fallas.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de València, 22 de julio de 2018. Primera de la Feria de Julio. Cinco novillos de Zacarías Moreno, desiguales de presentación, pero buenos en general y con posibilidades, y uno de Los Chospes (quinto bis) muy desclasado para Jesús Chover (silencio tras escasa petición y silencio tras aviso), Toñete (saludos tras escasa petición y silencio) y Diego San Román (ovación y oreja). Un tercio de entrada (unas 3.500 personas).

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