VALÈNCIA CELEBRA EL TRIUNFO DE UNA APASIONADA MANIFESTACIÓN MULTICULTURAL, LA TAUROMAQUIA

Foto cabecera: Carlos Gómez-Litugo

El primer Día de la Tauromaquia era un reto y acabó en triunfo. Otro reto más de los muchos que se plantea la Fundación Toro de Lidia para devolver a esta apasionada manifestación multicultural al lugar que se merece. Al lugar que se ha ganado por su maravilloso viaje por la Historia y alcanzar el siglo XXI con la vigorosidad de siempre. Que el primer Día de la Tauromaquia se celebrase en València y en el día grande de la Comunitat Valenciana tampoco era casual: en 32 de sus 34 comarcas, por ejemplo, se celebra el rito del toro en las mismas entrañas del pueblo.

El festival tuvo su intrahistoria, su idas y venidas, sus bailes y caídas, sus dimes y sus diretes. Y es que el toreo (casi) nunca tuvo al frente auténticos visionarios ni la necesaria mirada global sobre la Tauromaquia y la sociedad nunca fue el fuerte de un sector opaco por naturaleza y con tendencia a mirarse al ombligo. Todo eso trata de cambiarlo la Fundación Toro de Lidia y, cómo no, también esta vez se encontró con típicas piedrecitas en el camino que el toreo se pone a sí mismo.

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Pero más allá de todo eso, los que estaban representaban al global, a todos y todas los que integran la Tauromaquia, máxima expresión de la multiculturalidad. Casi 9.000 personas prácticamente llenaron el coso de la calle Xàtiva, que junto a los más de 5.000 que se citaron en el festejo de recortes matinal, han congregado la mayor manifestación y reivindicación en la diada del 9 d’Octubre en València.

El festival en apuntes artísticos o emotivos, además, valió mucho la pena, y salvo por la lluvia, que igual que frenó ese último empujón para al alcanzar el lleno, también fue un incordio en un par de momentos por el trajín de paraguas y chubasqueros, el personal se lo pasó en grande.

València volvió a disfrutar del temple a caballo de Fermín Bohórquez, quien cortó una oreja a un toro de la casa. Dejó su estilo campero y dos maravillosos pares a dos manos. Enrique Ponce se echó un toro (despuntado, eso sí) de Daniel Ruiz, de muchísima clase y muy pocas fuerzas. Dos excesivas orejas premiaron una faena a cámara lenta del de Chiva que no acabó de romper, pero que se remató genial a espadas.

Explosión de El Juli por lopecinas y en una faena en la que literalmente se montó encima de un muy buen novillo de Garcigrande. Muletazos de todas las marcas y un espadazo para cobrar las dos orejas. La prestancia de Manzanares también se pudo paladear con uno de Cuvillo del que logró un trofeo.

El toreo de capa más templado lo hizo Román en un quite de frente por detrás en los mismos medios a un Juan Pedro exigente en la muleta. Lo cuajó el valenciano y tras dos pinchazos y una estocada el premio fue de oreja. Otro de los grandes impactos de la tarde llegó de la mano de Álvaro Lorenzo con un impactante parón en los mismos medios para rematar su faena de muleta. Dos orejas tras buena estocada fue el premio para el toledano.

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A Borja Collado era a quien más ilusión le hacía el festival. Tras su reciente debut con picadores en Algemesí, para el de Torrent este cartel era su debut en València. Se fue a porta gayola a recibir al de Fuente Ymbro. Todo arrojo y torería. Una de las fotos del día fue el brindis de Borja Collado a los maestros que le habían flanqueado en el paseíllo. Un lujo. Luego el novillo fue el más complicado y además se puso a llover con fuerza. Por el izquierdo poca broma, fue todo por el derecho y muy de verdad, pasándose la incertidumbre de la embestida por la barriga un puñado de veces. Remató de estocadón y dos orejas.

A lo preciosa que fue la jornada le faltó poder recrearse en el fin de fiesta, pero la lluvia arreciaba y la despedida fue un ‘sálvese quien pueda’, eso que casi siempre es el toreo entre bambalinas y algo que se quiere cambiar. En eso y en muchas otras cosas trabaja la Fundación Toro de Lidia. Los beneficios del festival seguro que son un gran empujón, lo mismo que esos 6.000 euros que van a parar a esa lucha mayor que es la del cáncer infantil. Y aquí es inevitable no acordarse de Adrián. Él fue el primero que soñó con un festival alrededor del 9 d’Octubre por su pasiones y las nuestras: el toro y la vida.

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