CARLA OTERO Y CASTELLANI CON UN BUEN NOVILLO DE JOVANÍ, LO MÁS DESTACADO DEL INICIO DE ESTA ATÍPICA FERIA DE CASTELLÓN

Fotos :: Carlos Litugo

La plaza de toros de Castellón abrió sus puertas sobre el alambre. Una hora antes de la novillada sin picadores, que inauguraba el ciclo que se ha inventado con tremendo ingenio la casa Matilla para celebrar San Juan y San Pedro en Castellón, jarreó de lo lindo. La sombra de la suspensión: tensión en la primera peli de esta feria que llaman de cine. Al final sólo se retrasó media hora el festejo, que arrancó a las poco taurinas 20:30. Refrescaba entonces. De la suspensión no se libró el festejo popular de la noche de San Juan. Con una mano delante y otra detrás se fueron Fernando Machancoses y Vicente Benavent con sus animales para Cheste y Quatretonda, que desde Castellón es un rato de camión.

A la eralada de Pedro Jovaní le faltó lustre y fondo. Le sobró mansedumbre. Corretearon mucho. Les sobraba plaza.

La luna llena de la víspera de San Juan se subió por los tejadillos del coso del paseo Ribalta. Un quite de Carla Otero por gaoneras al tercero encendió la noche. Respondió El Ceci por chicuelinas. El de Castellón sigue teniendo buena esencia, pero bailó ruedo a través con el más manso de todos. Dibujó varios naturales que robaron algún olé a las gargantas y a la huidiza mansedumbre.

La alegría ganadera la puso ‘Tacaño’, generoso en sus embestidas., sostenidas en los medios por Fabián Castellani, de Arles. Mucho mejor sobre la diestra, mejor aún cuando redondeó los muletazos. Le sobró metraje al epílogo. Buena estocada y muerte de bravo. Una oreja, la única de la noche, y ovación al arrastre. También la única.

Lo más compacto lo firmó Carla Otero. La mejor y más reunida colección de muletazo. Gusto natural, cintura y templanza de cadera a cadera. No le pesa hacer el toreo. La mejor serie fue al natural y fue frondosa. De ocho o nueve. El público (escaso) lo vio. Además navega bien en las cercanías. Pero los aceros no surtieron efecto para lograr el premio gordo.

Jorge Rivera, fácil, técnico y con recursos, pero sin acabar de traspasar ciertas líneas. La otra baza de Castellón la puso Aaron Rull, de Catí, que debutaba. De pareja le correspondió un novillo bruto. Le funcionó la cabeza y acabó afianzado, buscando las vueltas al novillo, peleándose y hasta sufrió una voltereta que le dejó la chaquetilla sin una manga. Bien, chaval.

Lenny Martin, de Beziers, también está nuevo. Tiene buenas trazas y buena talla, pero le falta ajustar las telas. Le tropezaron demasiado, pero cuando la muleta la dejó abajo y tiró con temple se adueñó de la embestida. Es por ahí.

Por cierto, bien la gente de plata. Me gustó con la capa otro que debutaba: Marcos Andreu.

Al final se hizo demasiado largo el festejo ¿O será la falta de costumbre postpadémica ya entrada la fresca noche? Lo que sigue es una tía de Adolfo Martín para Luque y Emilio de Justo. Sobran las palabras.

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