RAFAELILLO Y UNA MONUMENTAL ESTOCADA, POR LA PUERTA GRANDE DE CASTELLÓN CON LOS MIURA

FOTO CARLOS LITUGO

En tiempos post pandémicos el toro se reivindicó en ser supremo adorado por el pueblo. La corrida de Miura de Sevilla o Pamplona se ha lidiado en Castellón con una feria inventada y más de medio aforo (total) en los tendidos. Había que celebrarlo. En toda la tarde no se ha hablado de vacunas, que ya es. Había toros, toreros y Rafael Rubio ‘Rafaelillo’, por arrestos, inteligencia y una monumental estocada, abrió la puerta grande.

Desde hace días la corrida de Miura era la sensación. Los amantes del toro no se lo han querido perder. Mucho aficionado joven en los tendidos ahora que las calles todavía siguen vacías. El coso del Paseo Ribalta fue imán de esta pasión milenaria de la bravura y el valor de los toreros. El brindis del sexto de Rubén Pinar a sus compañeros Rafaelillo y Paco Ramos, igual que la ovación de bienvenida de la afición a todos ellos, como ese maestro Rafaelillo despidiendo aplaudiendo también a Ramos y Pinar mientras esperaba a ser hizado a hombros… La tarde estuvo preñada de gestos toreros, porque reencontrarse y volver a la normalidad que dicen con una de Miura debe remover el cuerpo y las emociones.

La de Miura fue recibida toro a toro con una ovación también. La báscula impresionaba. Toda, cinqueña ella, superó los 600 kilos. La primera mitad impresionó pero se puedo manejar.

Rafaelillo abrió fuego con ‘Berengeno’, un entrepelado fino, largo como él solo y son en el galope inicial. Le costó fijarse. Al piquero lo tumbó como si nada y se arrancó alegre en la segunda vara. Vaya elasticidad. Embestía con la cabeza totalmente ladeada. Rafaelillo se lo hizo todo muy para el toro. Empujó la embestida hasta donde le consintió la cintura. Siempre bien colocado. Ganando el pitón contrario. Hasta hubo veces que embistió por el pitón de fuera. Los muletazos contados y la emoción. El lomo del toro le llegaba por el corbatin a Rafaelillo y la estocada, tremenda. Un monumento. Se cuadró, dio el toque abajo y en ese gesto pasó, levantó el brazo hasta el cielo y hundió la espada en la misma yema del gigante, que salió herido de muerte, rodado, y la muerte fue de bravo.

El segundo del lote de Rafaelillo tendió a defenderse y ahí afloró la inteligencia del murciano para robar en las cuatro o cinco tandas que tuvo la faena. Un par de muletazos a su altura, otro más hondo donde el toro se quedaba corto y ahí brotaba la emoción del Rafaelillo más gladiador. El macheteo de poder y el desplante. Estocada más descabello en la misma puerta de chiqueros. Y otra oreja sincera que valía la puerta grande.

A Paco Ramos, natural de Onda, Castellón, le dijeron que la de Miura en su tierra hace dos meses y pico. ¿Voy? Vamos. Da igual que en 16 años de alternativa no sume ni medio centenar de festejos. Su primero salió enterándose. Un cárdeno salpicado llamado ‘Alfiletero’, al que se le hicieron muy bien las cosas, y no era fácil. Tendencia a venirse cruzado y algo por dentro. El esfuerzo de Paco Ramos ha merecido la pena. Inteligente y bien colocado, desengañó al Miura no cediendo un paso atrás, que de eso se trataba. No cabía la mínima equivocación. Y la estocada amarró el triunfo.

El sardo de 698 kilos era la gran atracción. Grande y suelto de cartes, fue el de menos poder, más corto viaje y menos opciones.

Rubén Pinar también tocó pelo con el tercero, de nombre ‘Llavero’. Un toro más apretado, musculado, diferente al resto más varado o suelto de cartes. De salida lució buen embroque, faltando el remate final. Pinar lo vio fácil y hasta sumó chicuelinas de salida y media en los medios. Parecía tener alguna lesión en una de las manos, pero soportó la lidia en la que el de Tobarra siempre fue por delante. El pinchazo fue hondo y arriba. Tres dedos más y lo asá. Pero el segundo intento fue hasta la bola y letal.

Con el cárdeno sexto Pinar se equivocó. Era cárdeno y el toro más bajo de los seis. Pero se fue sin picar. El de Pinar fue el único lote que salió a puyazo por toro. La segunda vara en banderillas ya se echaba de menos. El Miura quedó con mucho movimiento, muy entero. El trasteo consintió en robar los muletazos oportunos y no darse excesiva coba. Como dice Alfonso, hay que picar.

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