IMPOSIBLE DE BLANQUEAR

Resulta imposible de blanquear la peor temporada que se conoce en la historia reciente de la Plaza de Toros de València. ¿O qué se pretendía blanquear con esta corrida concurso en València al desamparo del abono, un 12 de octubre, anunciada a un mes vista, sin promoción ninguna ni oferta de precios que sonase atractiva? Un despropósito más en el naufragio de la empresa Nautalia en su debut en València, adonde llegó ofreciendo el máximo (400.000 más IVA) por culpa de un pliego/sabasta perpetrado por la Diputación de València y ha echado una temporada de mínimos que, con la excusa de la postpandemia, también permitía el pliego de marras. Eso era lo primero que debía hacer bien la Diputació, pero la metió hasta el fondo abriendo una nueva subasta, pero eso ya es otro tema.

El caso es que la temporada 2022 no la blanquea esta corrida concurso. El maravilloso cartel de Iván Estupiñá no se ha enseñado, no se ha publicitado; cuando el primer toro, con el hierro de Torrealta, ya estaba en el ruedo, en taquillas estaban pidiendo 50 euros por entrada; y al final dentro no éramos ni cuarto de público. Un despropósito. No salen los números: esta temporada no da para pagar el canon de 400.000 más IVA y la dejadez en promoción de la temporada ha sido desastrosa: el coso de la calle Xàtiva se ha aislado más todavía de la sociedad valenciana. ¿Qué desastre se pretendía blanquear hoy? Todavía me lo pregunto.

Pero más allá de las miserias taurinas que han hundido a València. Más allá de la pobre entrada. Más allá de la clásica limpieza de corrales -con toros con edad o fuera de tipo- que trae consigo una corrida concurso, podemos decir que se han visto cosas poco habituales en València. Cosas como dos tercios de varas emocionantes, alguna brega y otros conceptos de lidia distintos de la tauromaquia moderna. Solo la variedad de hierros y encastes hace entretenida una tarde así.

Uno castaño claro de Torrealta abrió la tarde. Toro serio, sus casi seis años los lucía en la expresión, pura alegría en su galope. Milimétrica la lidia de Román para dejarlo en suerte para el caballo. Muy medida la vara de Chocolate. La tercera entrada arrancó desde los medios y fue puro deleite para la afición. ‘Planeador’ no perdió esa alegría ni en el tercio de varas, donde acudía sin pensarlo mucho, la mantuvo en banderillas con la buena brega de Rafael González y Román la supo aprovechar en el último tercio, dando sitio siempre en cada cite.

Las dotes de buen muletero de Román quedaron claras una vez más adaptándose a embestidas exigentes, que requerían temple y mando, pulso y ciencia para aprovechar y lucir las virtudes del Torrealta. Apretar sin violencias por el derecho, por donde se templaba mejor. Román muy por abajo y la muleta muy por delante. Por el izquierdo más violento, más suelto. Al final uno de pecho le llevó a intentarlo de nuevo con la zurda, más por abajo, mejor entonces. Al final Román buscó el arrimón, pero ahí el toro ya no permitió ciertas licencias. Tenía cosas de bravo ‘Planeador’. Estocada desprendida y una oreja merecida para Román.

Al final el primer capítulo fue el más emocionante. Y no fue hasta el cuarto, otra vez en el turno de Román, cuando uno de Pedraza de Yeltes vovió a subir las emociones. Un ‘Sombrerero’ -reata clásica en los pilarones- se enceló y realizó la más seria pelea en varas con tres entradas en su haber. La tercera, de gran emotividad, puso a parte del público en pie.

Cuando parecía que iba a tener los muletazos contados, el toro tuvo fondo, pero menos transmisión. Román volvió a estar generoso. Distancia, temple, alivio muletero, pero lo mejor fue cuando más apretó, aunque al toro le faltase ese tranco de más. De uno en uno y sobre ambas manos llegó el toreo más ajustado. La estocada defectuosa fue insuficiente e hizo falta el descabello. Ovación para Román.

La corrida concurso para blanquear la mala temporada del debut de Nautalia en València naufragó con los toros de Alcurrucén y el de La Palmosilla, inválido y roto a mitad de faena.

El de Alcurrucén era bajo, ancho, con pinta de bruto y mansote. Suelto en varas, tenía buen embroque en las telas y eso intentó alargar Álvaro Lorenzo, pero sus remates eran de bruto, manso y desrazado, muy por arriba, y no salió nada limpio de ahí.

El de la Palmosilla era feo. Su trapío decía muy poco. Pero se empleó en el peto pese a que renqueaba de atrás. Una voltereta saliendo del caballo lo dejó en los límites, pero Curro Javier dictó con su capote los cuidados pertinentes. Dejarlo venir, dejarlo galopar y templarlo con suavidad. Así también ordenó su faena Álvaro Lorenzo, mucha distancia y temple. Lorenzo se dio cuenta tarde de que, además, debía sentir los muletazos, buscar la verticalidad y el encaje de riñones. Una serie así tuvo conexión con el tendido. A la siguiente el toro se rompió del todo y tuvo que ser apuntillado. Una escena dolorosa.

Isaac Fonseca, tras impactar en mayo de novillero, se presentaba en València de matador con dos cinqueños de Adolfo y El Tajo. Tal vez, en otro momento, más adelante… Pero ahí estaba, en València, para cerrar su primera campaña de la alternativa.

Primero uno de Adolfo Martín la mar de serio. Dos velas hacia arriba. Muy ofensivo y los cinco bien cumplidos. Isaac Fonseca lo recibió y le andó de capa con cabeza, ganándole los medios hacia atrás. Discreto el toro en varas, Fonseca desde la inteligencia le robó los muletazos desde el hilo del pitón, buscando la línea recta, pero empapando muy bien de muleta a ‘Mulillero. Ovación tras fallar a espadas.

El sexto fue un castaño cornalón de El Tajo, de blanca mazorca. De trapío muy para las calles de cualquier pueblo de València. El mexicano Isaac Fonseca arreó desde su sincera entrega. De rodillas inició la faena de muleta un poco más allá del tercio. A continuación la banda de música atacó con La Concha Flamenca y el público quedó embelesado. A la faena le faltó la profundidad de la embestida. Soso y protestón, sin acabar de pasar. Ver a Fonseca cerca de aquellos pitones fue lo que dio sentido, pero el toreo más bien fue imposible.

Al final, Torrealta se llevó el premio al mejor toro; Chocolate al mejor picador; y Rafael González el premio a la mejor brega. Así ha terminado una campaña imposible de blanquear en València. Qué desastre.

PS/ Al finalizar el paseíllo se tributó un minuto de silencio a la memoria de Roberto Espinosa, que fue empresario de la Plaza de Toros de València. A quien fuera en julio se le pasó el detalle.

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