ROCA REY Y TULIPÁN: FAENA AUTÉNTICA AL CIERRE DE UNA CORRIDA DE JUAN PEDRO DOMECQ DESAPROVECHADA

Se tuvieron que encontrar Roca Rey y Tulipán en el último turno para que el toreo y la tarde tuvieran peso, autenticidad: entrega y comunión con el público. Hasta entonces se sucedió una sonrojante pachanga en la Feria de Julio con tres cuartos de entrada y una nobilísima y encastada corrida de Juan Pedro que se fue sin torear ni ponerle un pellizco de alma hasta que salió Tulipán.

Por suerte, en sexto turno se encontraron Roca Rey y Tulipán. Un toro largo y hondo, con cuello, que se recreció en su lidia. Roca Rey administró los primeros tercios para ponerlo todo en una faena de muleta que arrancó en el tercio con alardes de valor y pases cambiados por la espalda.

El argumento principal se escribió en los mismos medios con tandas ligadas en una baldosa y rematadas muy atrás, con la cintura quebrada, y sobre ambas mamos. Ahí hubo temple y toreo por abajo, distancia y tiempo para dejar venir al toro, dejarle la muleta muerta en la cara, tirar de la embestida y ligar cada muletazo hasta el imposible de pecho, unas veces orbital, otra ligado a la altura de la misma cadera, con la muleta cayendo a peso delante de hocico de Tulipán. Al final, el arrimón por tirabuzones. La estocada y la petición de dos orejas, que se quedó en sólo una por antojo del palco presidencial. Decisión respetable si la vara de medir hubiera sido la misma durante toda la tarde.

Pero el caso es que la corrida de Juan Pedro Domecq, a la que se le ovacionaron al arrastre cuatro o cinco toros, mereció mayor entrega, pasión, convicción o alma. Y le sobró especulación y pegapasismo ramplón.

El primer Juan Pedro se llamaba Buenavida y se mereció mejor preparacion para la muerte, mejor lidia, una faena y toreo de mayor compromiso. Su clase, nobleza y son no mereció tanta especulación. Manzanares no le cogió el aire hasta mediada la faena. Por la izquierda jamás acabó de conseguirlo y por la derecha las tandas se celebraron gracias a los pases de pecho, ya que lo fundamental estuvo carente de profundidad y entrega. A la segunda, al menos, Manzanares dejó una buena estocada, de las que todavía le quedan.

El cuarto de la tarde, Vanidoso, fue un toro bajo y tocadito pitones que se recibió con una ovación desde el tendido.   En banderillas se vino arriba, pero luego Manzanares nunca le dejó la muleta en la cara ni lo toreó por abajo. Ni un muletazo fue jaleado. Palmas en el arrastre para el toro, silencio para el alicantino.

Salinero más bien fue de dulce. Era el primero del lote de Talavante. Un colorado de mazorca blanca y alegría hasta sus últimas embestidas. La faena de Talavante tuvo escasa conexión más allá de los remates y desplantes al tendido. Buen pitón izquierdo y toreo sin apreturas ni atisbo de sentimiento. Faena orejll, mecánica y muy justita con una estocada suficiente para pasear un orejita.

El quinto, Tramoyista, tuvo carita anovillada. Mejor embroque y peor remate. Salía con la cara alta.   Talavante le cogió el aire, y lo toreó así, a su aire, a su altura, acompañandole sobre ambas manos. Hasta que Tramoyista bajó el telón, aburrido de tanto pegapasismo.

Rasgueo, el tercero de la tarde, no se andó con miramientos y remató en el burladero de matadores abriendo una grieta en las tablas y sacando el pitón intacto. De pelo melocotón, Roca Rey ya lo saludó por chicuelinas en los medios. Tuvo buen aire por la mano izquierda, pero le faltó poder. La faena de Roca Rey se concretó en un arrimón, con el peruano metido entre los pitones, un manojo de bernadinas y una estocada. Se tragó la muerte Rasgueo, sonó un aviso y la petición de trofeo no se atendió. Y para la ficha quedó así: silencio tras petición. Cosas del toreo moderno y esta pseudoafición.

Vaya, que se lidió una corrida de toros artistas de Juan Pedro Domecq sin que apenas se concretase el toreo ídem. Menos mal que Roca Rey y Tulipán se encontraron al final.

https://videos.toromedia.com/videos/embed/d3074046-4478-4ecd-8205-f1f8255116a6

Deja un comentario